MODERNIDAD CIENTÍFICA Y TOLERANCIA RELIGIOSA DURANTE EN LA ESPAÑA DEL SIGLO XVIII
Por ello, contrariamente a la idea de una Ilustración deísta o atea, que partía de la premisa del enfrentamiento religioso, existió también una grupo de clérigos reformistas a lo largo de todo el siglo XVIII que trataron de buscar una cohesión necesaria entre religión y ciencia, sabedores de que la intransigencia religiosa no tenía cabida en aquella sociedad que, a lo largo de la centuria, vivía la religiosidad desde diferentes perspectivas; por ello, podemos vislumbrar una religiosidad "popular" sujeta a viejas tradiciones y supersticiones frente a una religiosidad "ilustrada" practicada con criterios racionales. En este sentido, algunos sectores de la Iglesia española buscaban cierta desvinculación con el papado y una teología menos escolástica y conectada al pasado, reforzando el papel de los obispos y el poder de los reyes, en contra de la postura mantenida, entre otros, por los jesuitas. Por tanto, desde postulados jansenistas o del catolicismo ilustrado se pretendía desarrollar un cristianismo más racional, basado en el cuestionamiento de la autoridad para buscar el avance de la ciencia ilustrada y otorgar al Cristianismo su papel promotor de la moralidad religiosa.
Rodríguez (Villanueva de Odón, Madrid, 08 de agosto de 1703 – Veruela, 01 de junio de 1777) tuvo una formación académica autodidacta, valiéndose únicamente de sí mismo para la adquisición de las obras que más le interesaron para su formación en el campo de la ciencia. Fue autor de una vasta erudición en todos los campos, principalmente en medicina y farmacia como fruto de una formación autodidacta cuyo resultado se tradujo en una importante contribución a la Ciencia española del siglo XVIII. De su formación autodidacta da cuenta el hecho de que en su comunidad de Veruela era llamado "magister sine magistro". En el campo de la Ciencia ejerció un papel que podríamos calificar como de "divulgador científico", siempre al tanto de los avances científicos procedentes de Europa, avances que le permitieron ejercer una crítica solvente contra aquellos autores que promovían, a su juicio, una labor contraria a la cultura cristiana europea, principalmente, Voltaire y Rousseau.
A lo largo de la charla cada uno aporta su visión acerca de las relaciones posibles entre ambas, partiendo de la idea de que la Razón tiene cabida en el seno de una religión tolerante porque el ser humano es una creación de Dios y es Dios quien ha concedido la facultad de usar la Naturaleza para el avance y progreso de la Humanidad. La Razón es , por tanto, una herramienta que Dios ha puesto a disposición del ser humano y por ello es lícito usar de ella para progresar en el conocimiento de la Naturaleza, pero siempre bajo la premisa de que sólo Dios es el creador del mundo y es, por ello, el único con capacidad de interpretar sus secretos; una cualidad que es ajena al ser humano. Rodríguez entiende que se puede dominar la nueva ciencia otorgando a la razón un papel predominante en el avance de la misma, pero sin olvidar que es la religión la que ha de guiar y moderar esa nueva forma de pensar que puede, sino, llevar al hombre por senderos de oscuridad en lugar de aproximarlo a la verdadera luz del conocimiento.

Dr. MIGUEL ÁLVAREZ SOAJE
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